Incluso antes de mi paso por la facultad de periodismo ya tenía, como todo el mundo gracias a la iconografía del cine, una idea bastante aproximada de en qué consistía el off the record, pero una reciente comparencia pública del consejero portavoz de la Generalitat, Joaquim Nadal, me ha aportado otra variante sutil, pero perversa, de esta salvaguarda periodística. De resultas de la suspensión o aplazamiento sin fecha de la cumbre de la UE sobre vivienda que se tenía que celebrar en Barcelona, se puso de manifiesto una notoria discrepancia de pareceres entre el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y su homóloga en el gobierno catalán, Montserrat Tura. Así, si Rubalbaca argüía razones de falta de seguridad para justificar la suspensión de la mencionada cumbre, Tura desmentía tal extremo y, acto seguido, otros compañeros de gobierno sacaban a colación argumentos de lo más variopinto, como las agendas o el hecho de que esa reunión se haría en plena campaña electoral catalana.

El caso es que, según me contó una blogera mordazuela, el consejero Nadal convocó al día siguiente una rueda de prensa para aclarar la postura de la Generalitat, rueda de prensa que fue retransmitida en directo por TV3. Al término de su comparecencia, Nadal, ni corto ni perezoso, más ancho que largo, instó a los periodistas a apagar los micros porque entonces haría un off the record, comentario que se pudo escuchar con toda nitidez, porque, de hecho, era lo que ponía fin a la rueda de prensa. Uno pensaba que el off the record se había inventado para proteger a las fuentes y garantizar su confidencialidad, de la tal forma que se pueda informar de cosas que de cualquier otro modo jamás saldrían a la luz. Y no deja de resultar chocante que un cargo público que ejerce funciones de portavoz admita con tanta falta de pudor que lo que acaba de decir en directo, ante la televisión, es papel mojado porque a continuación va a decir las verdades del barquero pero off the record. En fin, que me parece que el consejero Nadal confunde el loable off the record con las chafarderías y los chascarrillos, que están bien para que los periodistas den un poco de pisto y se sientan importantes porque compadrean íntimamente con el político de turno, pero que no son propiamente un off the record.

Otra modalidad peculiar de off the record es que que acostumbra a poner en práctica el presidente del Gobierno -no sólo Rodríguez Zapatero- durante el tradicional desfile militar del Día de la Hispanidad. Al parecer la cosa empezó como un gesto de cortesía hacia el Rey, puesto que ya que se ponía el traje de luces pues había que dejar que el protagonista del día fuera Él. De tal suerte que los presidentes del Gobierno que hasta ahora han sido han hablado y hablan por los descosidos y para que los periodistas se enteren de las cosas, pero la única cortapisa es que los micros han de estar apagados. Esta forma parcial (puesto que al día siguiente todo lo que ha largado el Presidente viene en los periódicos sin necesidad de ocultar la fuente) de off the record no es sino otra forma de pleitesía hacia la Monarquía, pero particularmente absurda. Porque, al final, lo que más resalta la Prensa es lo que dice el presidente del Gobierno, que no en vano acostumbra a dar noticias algo más candentes que los discursos del Rey. A mí ya me parece bien, lo que no entiendo, a estas alturas de la película, es el paripé de tener que apagar los micros.

Caracolillos en Vaso