Entre las asignaturas a aprobar por todo corresponsal al empezar a trabajar en un medio, hay dos de vital necesidad: Dejar de ser un número de teléfono y Convertirte en la autoridad máxima en tu zona.

En cuanto a Dejar de ser un número de teléfono, al principio tú no tienes nombre ni cara, eres un simple número de teléfono al que llaman cuando ha pasado algo en tu zona.

Esta asignatura se aprueba mediante la segunda. Convertirte en la autoridad máxima en tu zona quiere decir que, cuando empiezas, todo el mundo en tu redacción se cree que sabe más que tú de tu zona, y te lo demuestran siempre que pueden. Con el paso del tiempo, debes ser tú el que marque la agenda de temas y de prioridades. Sólo si casi siempre ofreces información de calidad, será posible colar cuántas motos quieras (porque de eso, no nos engañemos, vivimos).

Cuando te conviertes en la autoridad en tu zona, empiezas a tener rostro, nombre, sentimientos y dejas de ser un número de teléfono.

Pero, ¡ay del corresponsal que se crea que nunca volverá a sus orígenes!

Craso error, amigos. Siempre hay alguien en tu medio que no te conoce porque nunca ha tenido la oportunidad de trabajar contigo o porque acaba de llegar nuevo y tiene un puesto de responsabilidad. Para esos, tú eres un puto corresponsal.

Ayer por la tarde, cuando se había relajado el tema de la explosión de gas de Cornellà, hubo un malentendido entre un técnico de mi medio y el que esto escribe. El malentendido fue una minucia que yo no atribuiría ni a él ni a mí, sino a la casualidad.

Pero, claro, qué mejor que tener un malentendido con un corresponsal para cargarle el muerto. Tuve que escuchar estoicamente como el personaje en cuestión me vociferaba por teléfono "Te has cargado toda la realización. Bueno, supongo que como no estás acostumbrado a hacerlo, no has sabido. La próxima vez, supongo que lo harás bien". Y acto seguido, colgó el teléfono.

Obvio decir que, tras dos años en la casa, tengo los huevos pelados de hacer lo que salió mal y que todo tenía una explicación que, el personaje en cuestión, ni me dio oportunidad de darle. Con esa bravuconada el tipo se lavaba las manos ante el editor y cargaba el muerto al puto corresponsal.

Julius F. R.